Cultura femenina, una imposición de vida

Rosario Castellanos fue de las primeras mujeres que comprendió la relevancia de la protesta feminista, de la nueva ola que se manifestó –en algún momento– en centros urbanos de Estados Unidos, a finales de los años sesenta.

Aparte de informar a la opinión publica acerca de la “liberación de la mujer”, exigía poner fin a la jerarquía masculina, y ansiaban convertirse en personas independientes, capaces de decidir sobre su vida.

Rosario creó propuestas del nuevo feminismo, para integrarlas a su diagnóstico sobre la situación en la que se encontraban las mujeres mexicanas.

 La preocupación figura en las desventajas sociales y los prejuicios, que limitaban a las mujeres.

Rosario se interesó en el feminismo, desde que cursaba la universidad, poco después, una vez que ya era escritora madura y reconocida, dedicó al tema de la emancipación feminista, diferentes colaboraciones que la prensa de Israel le compartió.

Participó con una reflexión acerca de la marginación de las mujeres en el ámbito cultural, de ciencia y arte, en un ensayó filosófico llamado “Sobre Cultura Femenina”.

En 1968, en el año del movimiento estudiantil mexicano, Rosario tituló una colaboración en la prensa, realizando una simple pregunta: “¿La mujer, ser inferior?”, para dar respuesta recurrió a Simone de Beauvoir, para recalcar que el ser mujer u hombre, era una configuración social que colocaba a la mujer en una posición subordinada.

La revuelta feminista contra el sexismo, fue otra de las inspiraciones de Rosario. Haciendo eco del término racismo, usándolo para denunciar la discriminación hacia la población afroamericana, la palabra sexismo, se volvió moneda corriente, con ella se aludía a la gama de actos con los que “se perpetúa la iniquidad en el trato, entre hombres y mujeres. La iniquidad estaba presente en la paga, las clases de trabajo y en la expresión propia”.

Rosario coincidió en la crítica feminista al uso del cuerpo femenino, como espectáculo con fines comerciales o publicitarios. Juzgó las dietas y tratamientos embellecedores, así como a los tacones, que definía como tortura cotidiana.

De lo que más le impactó a Rosario, fue la cantidad de gente que atendía las manifestaciones callejeras, a su vez le causo impacto que la protesta feminista se acompañara de una huelga de trabajos domésticos, y en todos esos trabajos, que se dan a notar cuando no se hacen.

Observó que, en México, el conflicto en el matrimonio frente a los quehaceres domésticos, se paliaba debido a la disponibilidad de empleadas del hogar, dedicadas a las tareas de limpieza, preparación de alimentos y cuidado a los niños, pero advertía que, con la modernización del país y la incorporación femenina al trabajo, en la industria y servicios, esto cambiaría.

El que Rosario condenara las injusticias que pesaban sobre las mujeres, en presencia del presidente Echeverría Álvarez, fue trascendente, y contribuyó a que ella llegara a la cumbre, como escritora reconocida.

@reinasdelaselva

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